| Fotograma "To sir, with love" de James Clavell (1967) |
Este juego de palabras sirve para aportar mi testimonio sobre lo que está ocurriendo actualmente en el mundo de la docencia. Casi treinta años como profesor en distintos niveles, desde la secundaria a la Universidad, pasando por la no-reglada, formación continua, incluso con personas en exclusión social, me han servido para vivir-padecer diferentes leyes de educación.
Desde la LOGSE a la actual LOMLOE, todas barrieron lo propuesto por la anterior, por lo que ninguna ha tenido tiempo para madurar. Eso sí, como dicen nuestros mayores, la nueva siempre hizo buena a la derogada.
En realidad, lo que este profe de L’Entregu comenta, queda ratificado en el informe PISA elaborado por la OCDE. España ha perdido 23 puntos en la comprensión lectora y 24 en matemáticas; y cabe decir que 20 puntos de retroceso suponen un año académico perdido. Pero esta debacle no corresponde a una sola causa; más bies es una argamasa de circunstancias; a saber:
Una crisis de atención o paciencia por parte de un alumnado, cautivo como el resto de nosotros en la sociedad líquida, que prefiere contestar rápidamente sin analizar las posibles respuestas. En la misma línea, una caída en la resiliencia de los alumnos excelentes, que es endémica al caso español.
Un mal uso del ocio, colgados de las redes sociales, resta comprensión lectora y la ausencia de supervisión familiar en ese tiempo libre lleva a que los jóvenes campen a su gusto por internet. Al respecto, un estudio de la Universidad Complutense, de 2026, descubre que el primer contacto de los niños con la hipersexualización de la pornografía se produce a los ocho años y que casi el 50% de los menores de doce la consumen, en la red, habitualmente.
Se ha detectado una notoria falta de profesorado, debido a la elevada tasa de interinidad y demora en cubrir vacantes, lo que infla el ratio de alumnos por aula dificultando la docencia.
El informe también dejan al descubierto problemas estructurales vinculados a la caída en el rigor de las sucesivas leyes de educación. Y como estamos en tiempos de LOMLOE, vamos al grano.
Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, conocida coloquialmente como Ley Celaá, por ser Isabel Celaá la ministra de Educación y Formación Profesional en aquel momento, entró en vigor el 19 de enero de 2021. Introduce una serie de medidas que a algunos, que ya éramos críticos con las anteriores LOGSE, LOE o LOMCE, no nos gustaban.
Por ejemplo, el llamado aprendizaje competencial que proponía saber aplicar los conocimientos a situaciones de la vida real, pero que en la práctica se quedó en una destrucción del desempeño académico y del rigor de exigencia en el trabajo personal del alumnado. Resultado; se redujo el peso de los conocimientos teóricos estructurados en asignaturas troncales como Matemáticas, Lengua o Ciencias y los alumnos carecen de la base sólida necesaria para resolver los problemas complejos y de razonamiento profundo que evalúa PISA.
Por otro lado, se ha rebajado la cultura del mérito - algo que también ha ocurrido en nuestra sociedad -, porque se ha reducido el peso específico de las pruebas tradicionales y se ha potenciado el uso de plataformas de “gamificación” y evaluación formativa como Plickers, Quizizz o Kahoot, que no ayudan a reflexionar convenientemente porque se parecen más a juegos de televisión como “pasapalabra”; esto hace que las pruebas al uso, que los de la EGB teníamos en el menú diario, sean temidas y casi despreciadas por los centennials.
Con la loable pretensión de reducir el abandono temprano y las repeticiones, al mantener el ratio de alumnos por aula, se produce un conglomerado de niveles de aprendizaje excesivamente dispares que dificulta a los profesores en la tarea de atender correctamente todas las necesidades.
El informe también critica la excesiva burocratización a la que está sometido el profesorado; así la preparación de las sesiones diarias en el aula se ve perjudicada por la sucesión de informes, memorias, programaciones, temporalizaciones, medidas preventivas o correctivas; y no hace falta recordar que los profes y maestros trabajamos con personas, no con tornillos que tras ser verificados, si no cumplen unos estándares, se pueden eliminar.
También ha emergido a la luz la ineficiente gestión educativa durante la pandemia, al no haberse apostado por una enseñanza telemática que evitara la pérdida y el desfase curricular devenido tras el periodo de encierro doméstico al que la población fue sometida para evitar mayores contagios.
Así, mientas que las leyes de educación, cuyo objetivo debe ser la formación de personas aptas y responsables para desenvolverse en sociedades complejas, sean elaboradas por quienes no cogieron una tiza en su vida o, si lo hicieron, fue hace tantos años que volver a tocar yeso les produce prurito, la calidad de la enseñanza seguirá cayendo en barrena.
Y ante esta realidad, la respuesta de nuestros políticos, se sustenta con furibundos ataques entre las CCAA y el Gobierno Central; en culpabilizar a las pantallas, por las que antes habían apostado como la panacea del progreso educativo, a la IA y me barrunto que pronto recriminarán a profes y maestros.
Solo queda concluir con una pregunta, a modo de duda existencial desde la perspectiva del Materialismo Histórico y la lucha de clases. ¿Por qué los legisladores no atienden a las necesidades reales de la sociedad?
No se dan cuenta – o sí – que a las élites, que detentan el poder, les viene bien que las comunidades se moldeen en la ausencia de comprensión, de capacidad de análisis y reflexión, pues así es más fácil gobernarlas.
En fin, estas son solo las sinceras reflexiones de un trabajador de
la enseñanza que comenzó raspando encerados con la tiza y sigue
dibujando equilibrios de mercado con pizarras digitales.





