Si te digo la verdad, respetado Mago, este año eran pocas las ganas que acompañan para escribiros. Me fue desposeyendo de ellas un mundo egoísta gobernado por taciturnos sociópatas -presuntos-, a las órdenes de los chicos del Club Bilderberg. Los mismos que, en breve, se reunirán en Davos para recibir masajes, según cuentan los medios acreditados en la cumbre y luego, ya relajados, intentarán convencernos sobre lo recomendable que es implantar “chips” en el cerebro. Una mutación tan beneficiosa, según ellos, como el euro digital, las V-16 o la extensiva vigilancia en la red.
Paniaguados conscientes de legislar contra el pueblo que los votó, montan guerras, venden armas, destrozan países que después reconstruyen y entrampan para siempre. Autómatas que trascriben al dictado de sus señores para no perder la poltrona, porque conocedores que su escasa valía, incluso inferior a la visibilidad de las manidas balizas, saben que si desaprovechan la cazuela, donde tragan las migajas del Sistema, transmutarían en zombies desprovistos de un alma que hace tiempo vendieron a Belcebú. Así Baltasar entenderás que, además de la mala letra que siempre me acompañó, esta es la causa del pingue ánimo de este humilde “profe” de Economía de L’Entregu, para escribiros.
Pero quizás la magia de la Navidad me hizo recordar aquellas buenas costumbres que viajaron matrilinealmente desde los ancestros de mi “güela” Oliva y luego fueron heredadas por Olivina, mi madre. Así cuando Gerar y yo poníamos “les zapatilles” al pie del árbol, todas las mujeres de mi lar, conscientes de inculcarnos compromiso y solidaridad, llenaban calderos de agua y saquitos de alfalfa para los camellos, junto a generosas copas de quina, con “casadielles caseres” para haceros la noche más llevadera. Ese legado me impulsa a escribiros, queridos Magos, el día de los inocentes, festividad encarnable a los españoles que, como los niños de Belén, corremos el peligro de perder la cabeza con torpes mandobles de “Gladius Hispaniensis” desenvainadas por soldados de los nuevos Herodes que habitan un reino, el de España, en el que los políticos bailan en tik-tok, Instagram o “X” porque ya legislar les da pereza o ni se acuerdan de qué va eso. Arena de representación de pactos por votos, traducidos en butacones, cargos o puestos y donde, montados en la filosofía posmodernista que permite opinar de todo, aunque no se sepa de nada, proscriben a quien no aprueba su dialéctica -la de su clan- tildándolos de apócrifos que merecen su desdén y exilio.
En éstas, toca entonar la copla de León Gieco, aunque mi voz no sea la de Mercedes Sosa, y pedir que ni lo injusto, ni la guerra me sean indiferentes, porque vivimos en un mundo caníbal que fagocita personas para nutrir a unas élites que viven en punas tan elevadas que produce vértigo al mirar hacia abajo.
Con cariño, queridos Magos de Oriente, se despide de vosotros.
Heri Gutiérrez García.