Una trifulca sin par y batalla desigual contra el feroz y voraz Sistema Neocon que nos ahoga
Iguazú: Patrimonio de la Humanidad
lunes, 16 de marzo de 2020
domingo, 15 de marzo de 2020
viernes, 13 de marzo de 2020
miércoles, 11 de marzo de 2020
viernes, 6 de marzo de 2020
martes, 11 de febrero de 2020
sábado, 25 de enero de 2020
viernes, 24 de enero de 2020
miércoles, 22 de enero de 2020
sábado, 18 de enero de 2020
jueves, 16 de enero de 2020
miércoles, 15 de enero de 2020
lunes, 13 de enero de 2020
viernes, 10 de enero de 2020
jueves, 9 de enero de 2020
miércoles, 8 de enero de 2020
lunes, 6 de enero de 2020
domingo, 5 de enero de 2020
viernes, 3 de enero de 2020
Querido Baltasar 2020
Querido Baltasar:
Como siempre, en los primeros días de enero, a lo largo de los años
de mi vida, te vuelvo a escribir. Como me conoces sabes que pese a
los muchos cuadernos de caligrafía de “Rubio” que cubrí mi
letra sigue siendo desastrosa, de ahí que los formatos digitales me
hayan venido de perilla. No tengo que confesarte que además del
interés y avidez por los regalos que siente el niño que habita en
mi ser, el hombre que en esta carcasa se ha desarrollado siegue
siendo fiel y devoto a la magia que tus compañeros de viaje, Mechor
y Gaspar, y tú mismo atesoráis en las alforjas que portan vuestros
camellos. Y creedme, majestades, cuando os digo, que magia y regalos
van a ser presentes indispensables en la mochila de viaje de todos
mis compatriotas, independientemente del terruño en el que hubieran
sido paridos, lengua madre que parlen o acervo cultural que mamaran.
Más aún, me temo que por obra de desgracia que supone la
coincidencia en el espacio y el tiempo de malos políticos que
pululan en tropel por lo ancho y largo de eta pelota achatada por los
polos llamada Tierra o poéticamente Gaia; por todo ello, os digo, la
vieja Europa y el dragón de múltiples cabezas parido después de
concebido en procesos de guerras, que no de amor, y llamado por todos
U.E. sufrirán tanto o más que Juan Español y su familia.
Antes de empezar con la lista de peticiones, un consejo. Por estas
tierras se profesa una falacia que va creciendo y se avienta contra
los inmigrantes. A ellos, incluso a las mujeres nativas en la versión
más “hard”, se culpabiliza del aumento de desempleo nacional
cuando el verdadero ojo de huracán lo constituye la Reforma Laboral
Neocon, de Rajoy, que Sánchez no tuvo los arrestos de enmendar, pese
a poder hacerlo vía Decreto Ley. Monta tanto la LOMCE o la Ley de
Seguridad Ciudadana, para los amigos, Ley mordaza. En confianza
Baltasar: ¡Nun sé a que espera Pedrín…! Así que, vuestras
majestades, viniendo del lejano oriente, con séquito y grandes
paquetes, deben tener cuidado no os confundan con traficantes de
esclavos, como lo son las mafias de El Ejido o Murcia que introducen
mano de obra extranjera – que no viene en cruceros precisamente –
y la emplean en los invernaderos a 45 ºC y cuatro euros la hora,
bruta. Luego, comida y alojamiento son suministrados por el mismo
contratador a cambio de dinero, claro, que para eso es un
emprendedor.
Después de este aviso; empiezo. Recuerdo que el Rey Melchor
escribió, en la trasera de mi carta del año pasado, que era
imposible dejarme un juego nuevo de políticos buenos por que no os
quedaban... Los fuisteis dejando en los países que primero
cruzasteis y al llegar a España solo había en vuestras alforjas
cuatro comandos de asalto “actionmen” que me temo debieron quedar
esparcidos por el sur del país. Ante tal guisa no me queda otra que
pediros un software, bajo formato libre y no propietario, – ya que
éste habría que pagárselo al desarrollador y no estamos para ello
- capaz de poner a funcionar las entendederas de nuestros políticos
para crear sinergias y pactos que logren un gobierno que no me atrevo
a pediros a vosotros no sea que penséis que somos algo torpes.
A cambio podéis llevaros las puertas giratorias, las ideas
mezquinas que nacen de sinvergüenzas que solo están en la política
o economía para enriquecerse, medrando y engañando a todos los
demás. Tristemente, cada vez hay más sátrapas de este tipo y por
desgracia menos son quienes entienden la política como la actividad
al servicio del ciudadano. Y finalmente que vuestra magia
rejuvenezca las arcaicas líneas trazadas en nuestra Carta Magna,
rasgos que no son otros que aquellos que nos mantienen como una
infantil monarquía que no ha desarrollado su mayoría de edad por
falta de valor para crear un Estado Federal adulto capaz de regir los
designios y cubrir las necesidades de sus habitantes.
Como cada año, muches gracies y un abrazu.
Heri Gutiérrez García.
martes, 31 de diciembre de 2019
Rod Stewart Sailing
¡Para l@s que están lejos de sus hogares, los puedan recuperar pronto!
Fue el canto desgarrado que adoptó una generación de jóvenes, enviados a morir por un puñado de rocas en el Atlántico Sur, Las Malvinas. Todos ellos querían volver pronto a casa. por que no les iba nada en los contubernios de la reina madre ni de la "dama de hierro". Muchos argentinos y británicos no pudieron volver.
LETRA
Rod Stewart
I am sailing
I am sailing
Home again
'Cross the sea
I am sailing,
Stormy waters
To be near you,
To be free
I am flying,
I am flying
Like a bird
'Cross the sky
I am flying,
Passing high clouds
To be with you,
To be free
Can you hear me, can you hear me
Through the dark night, far away
I am dying, forever crying
To be with you, who can say
Can you hear me, can you hear me
Through the dark night far away
I am dying, forever crying
To be with you, who can say
We are sailing, we are sailing
Home again
'Cross the sea
We are sailing
Stormy waters
To be near you,
To be free
Oh Lord, to be near you, to be free
Oh Lord, to be near you, to be free
Oh Lord, to be near you, to be free
Oh Lord
lunes, 30 de diciembre de 2019
martes, 24 de diciembre de 2019
lunes, 23 de diciembre de 2019
viernes, 20 de diciembre de 2019
jueves, 19 de diciembre de 2019
lunes, 16 de diciembre de 2019
jueves, 12 de diciembre de 2019
miércoles, 27 de noviembre de 2019
lunes, 25 de noviembre de 2019
lunes, 18 de noviembre de 2019
domingo, 17 de noviembre de 2019
sábado, 16 de noviembre de 2019
viernes, 15 de noviembre de 2019
martes, 12 de noviembre de 2019
sábado, 9 de noviembre de 2019
jueves, 7 de noviembre de 2019
miércoles, 6 de noviembre de 2019
viernes, 1 de noviembre de 2019
lunes, 28 de octubre de 2019
viernes, 25 de octubre de 2019
lunes, 21 de octubre de 2019
sábado, 19 de octubre de 2019
jueves, 17 de octubre de 2019
miércoles, 16 de octubre de 2019
martes, 15 de octubre de 2019
jueves, 10 de octubre de 2019
miércoles, 9 de octubre de 2019
DESLOCALIZACIÓN, CAPITALISMO SALVAJE, DISLOQUE NEOCON
Hola
amigos, comienzo
esta columna utilizando “palabros” de moda que emplea hoy en día
todo político que se precie. Los
usan por
que en
mítines y ante los medios queda bien, sobretodo si al hacerlo el
pose se condimenta torciendo el ceño y se pone cara de estar
estreñido o con dolor de estómago. Aunque, en petit comité, os
diré que uno de L’Entregu, como yo, duda de que sepan exactamente
de qué rayos están hablado. Si fuera por
convencimiento,
las críticas al Sistema ya se
habrían
descolgado
por sus bocas, esputadas desde el alma, hace cientos de lunas. Pero
no, por aquellas solo charnegos, amputados traumáticamente del
cuerpo social, osábamos decir que este modo de hacer economía nos
iba a llevar a la chingada madre. Y sí, amigos, ese es precisamente
el lugar, para nada idílico, al que seremos aventados. Por contra,
hace una década, en tiempos del virrey del carbón y de los señores
del beneplácito puño sobre la mesa era políticamente incorrecto y
pernicioso para la salud sacar los pies del tiesto. Si lo hacías,
los pretorianos te susurraban, a voces: “Nun sabis con quien te la
tas jugando, rapaz. A ver si vamos tener que frenate en seco”. Y
sí, claro que los sabíamos... Pero el compromiso con la justicia
social era mas grande que las patadas en las tripas que te podían
caer.
La
solución nunca fue lamerse las heridas, rendirse y, montado a los
lomos de un asnillo blanco, correr hacia las huestes del virrey
gritando aquello de “Con vos y Dios nuestro señor”. Lo que más
jorobaba era, en cambio, seguir firme proponiendo desde la Academia y
el trabajo de campo, de varias disciplinas científicas, soluciones
que a ellos no solo les venían muy largas sino que además no les
interesaban.
Ya
en nuestros días, como el virrey ha sido abdicado y se estilan desde
el horizonte patrio estéticas de belleza masculina de gráciles y
graciosos movimientos, el paradigma cambia. Trajeados deportivos,
barbas comerciales para imponer lo que por aptitud se detecta
carente, parafraseados que cambian de dirección y sentido según
gima el viento, brindis al sol montera en mano, cremas exfoliantes
para suavizar la dureza de algunas jetas, cambios de cromos repetidos
cientos y miles de veces… Pero no, aún hay más
versiones.
Quedan aguerridos políticos que se aman a si mismos con frenesí y
no necesitan potingues ni ungüentos. Excelsos como áureas figuras
del Olimpo que pretenden diferenciarse de la chusma con señas
identidad propia.
Y para lograr sus fines, Tirios y Troyanos creen que nada mejor que introducir en sus
discursos gentilicios, epítetos, movimientos de ceja y de cadera,
rodearse de palmeros atractivos - ¿no hay feos en España?- y vencer
a toda costa aunque no se convenza. La
carrera por el asiento comienza, ya suenan los motores y
todos quieren merecer.
Sí,
claro que el Sistema Neocon nos la está jugando; pero desde hace
mucho. ¿No se habían dado cuenta?. ¿Qué
la deslocalización desertiza áreas antaño prósperas?. Por
supuesto. ¿Tenían anteojeras para no verlo?. La clase media
desaparece y la desigualdad es cada vez mayor. Pero eso ya lo habían
vaticinado unos “desconocidos”
hace casi dos siglos. El primero,
Carlos Marx y el
otro, Federico
Engels, allá por 1848, en “El Manifiesto Comunista”. ¿Lo habrán
leído los
que ahora cortan el bacalao?.
Por
si alguno no lo
hizo,
conozcan
que nunca
se habló
de matar a nadie, eso
es cosa de estúpidos que ni siquiera saben que, en esencia, era
un aviso a navegantes en la adolescencia del Sistema Mundo.
Estas
son las copas y entremeses que sirven los cuatro jinetes del
Apocalipsis, camareros del Sistema. Por cierto, recordad que en los
aquelarres de los amos del mundo, a veces, son invitados, para
amenizar los intermedios, politiquillos jubilados usuarios de puertas
giratorias. Pero claro, nun me hagáis mucho casu, tampoco
es políticamente correcto hablar de ello. Vale más dejarse encantar
los oídos por nuevas “cosamochas” descendientes de aquel
“Petromocho” que nos dejo sin aire. que nos propongan
nuevas inversiones
millonarias para engrosar la lista de los no-nacidos o muertos antes
de tiempo paridos de
los Fondos Europeos que, antepasados de los presentes, gestionaban sin juicio y
con prestigio. En fin, en la Historia, como en la histeria, las
recaídas son frecuentes.
lunes, 7 de octubre de 2019
viernes, 4 de octubre de 2019
miércoles, 2 de octubre de 2019
jueves, 19 de septiembre de 2019
sábado, 14 de septiembre de 2019
martes, 10 de septiembre de 2019
lunes, 9 de septiembre de 2019
viernes, 6 de septiembre de 2019
NUNCA CAMINARÉIS SOLOS
Un
domingo cualquiera, si eres afortunado, podrás escuchar a más de
cincuenta mil gargantas gritar al cielo de Anfield “You’ll
never walk alone”. Himno, de amor más que de guerra, de
reconocimiento y gratitud eterna de la afición de los “Reds” a
su Liverpool en la Premier inglesa. Traducidas su primeras frases,
bizarramente, por uno de L’Entregu y del Sporting, vendría a ser
algo así como: “Cuando caminas por una tormenta mantén la
cabeza en alto. Y no tengas miedo de la oscuridad. Al final de la
tormenta hay un cielo de oro y el canto de plata de la alondra...”
Se
me ocurre rescatar este canto ante la difícil situación de los 111
compañeros de Vesuvius Langreo y la cruel deslocalización de su
empresa. Triste destino que se repite en demasía en nuestra historia
– histeria – reciente. Y ojo a lo que pueda ocurrir con Thyssen,
Bayer y compañías varias.
Pero
hagamos memoria. Corría 1989 cuando Cookson con ayudas públicas
instala su planta el polígono empresarial de Riaño. ¿Os acordáis?.
Suelo industrial a mansalva, planes de renovación para recuperar la
mano de obra que se desangraba de la minería. Esperanzas y promesas
de amor violados por el mercado, la U.E. y la prepotencia y
corrupción, judicializada, de muchos líderes políticos cuyos pies
de barro y bolsillos sin fondo servían de base para su insaciable
sed de pasta, poder y, como la extracción del carbón se debía
reducir, aprovisionamiento de madera para su hoguera de vanidades.
Pero
recordar sus malas artes y los fracasos que ocasionaron describiendo
décadas de sinrazón y el consiguiente sufrimiento para miles de
familias, solo sirva para que sus egos se vean espoleados hasta el
infinito y más allá, aunque estén a la sombra.
Por
contra es el momento de tomar medidas para que nada se vuelva a
repetir, que los castillos no sigan construyéndose en el aire; que
nuestros políticos sean honestos y claros con sus proyectos so pena
de cárcel si se demostrara mala fe, dolo o corrupción. Y más aún,
todos debemos exigir el freno a la destrucción de empleo y actividad
en las Cuencas y Asturias. No solo por que la pérdida de población
derive en una reducción de concejales, diputados y “politicables”
diversos ; si no por que el futuro, el nuestro, depende de ello.
jueves, 5 de septiembre de 2019
Cambio constante, curso a curso; año a año. Ciclos de itineración.
La vida es un continuo movimiento. Como los comanches "Nauyeki" de la peli "Centauros del Desierto". Un ir y venir que te hace dejar amigos, compañeros y alumnos a miles de kilómetros de distancia; pero nunca en el olvido. Pero eso significa madurar y saber que siempr estaremos ahí para todos ellos. Como ellos para nosotros.
Gracias.
Gracias.
miércoles, 4 de septiembre de 2019
lunes, 2 de septiembre de 2019
miércoles, 28 de agosto de 2019
martes, 27 de agosto de 2019
jueves, 22 de agosto de 2019
sábado, 10 de agosto de 2019
viernes, 9 de agosto de 2019
jueves, 8 de agosto de 2019
miércoles, 7 de agosto de 2019
DISCURSO DE TONI MORRISON EN LA ACEPTACIÓN DEL NOBEL DE LITERATURA 1993
![]() |
| Imagen wikipedia de Enoch Pratt Library |
Érase una vez una anciana. Ciega, pero sabia. ¿O era un anciano?
O quizás un gurú. O una leyenda para calmar niños inquietos.
He oído esta historia, o una exactamente igual, en el saber popular
de varias culturas.
Érase
una vez una anciana. Ciega. Sabia.
En
la versión que conozco, la mujer es hija de esclavos, de raza negra,
norteamericana, y vive sola en una casita a las afueras del pueblo.
Su fama de sabia no tiene par y es incuestionable. Entre su gente,
ella representa tanto la ley como su transgresión. El honor que se
le rinde y la admiración temerosa que se le tributa, trasciende su
vecindario y llega hasta lugares lejanos, hasta la ciudad donde la
inteligencia de los profetas rurales da origen a mucha diversión.
Un
día, la mujer recibe la visita de unos jóvenes empeñados en
refutar su clarividencia y en desenmascararla por el fraude que ellos
creen que ella es. Su plan es sencillo: entran en su casa y hacen la
pregunta cuya respuesta depende exclusivamente de lo que la
diferencia de ellos: su ceguera. Se paran frente a ella y uno de
ellos dice: Anciana, tengo un pájaro en mi mano. Dime si está
vivo o muerto.
Ella
no contesta. Le repiten la pregunta: El pájaro que sostengo,
¿está vivo o muerto?
Todavía
no responde. Es ciega y no puede ver a sus visitantes, y menos aún
lo que está en sus manos. No sabe cuál es su color de piel, género
o tierra natal. Sólo sabe cuál es su motivo.
El
silencio de la anciana se prolonga, a los jóvenes les cuesta
contener sus risotadas.
Finalmente,
la anciana habla y su voz es suave pero severa: No sé, dice. No
sé si el pájaro que sostienen está muerto o vivo, pero sé que
está en sus manos. Está en sus manos.
Su
respuesta podría interpretarse de esta manera: si está muerto, fue
porque así lo encontraron o porque ustedes lo mataron. Si está
vivo, todavía pueden matarlo. Que siga vivo, es su decisión. De
cualquier manera, es su responsabilidad.
Por
hacer ostentación de su poder y poner en evidencia la debilidad de
la anciana, los jóvenes visitantes reciben un regaño, se les dice
que son responsables no sólo por el acto de burla, sino también por
el pequeño manojo de vida sacrificado para lograr sus propósitos.
La anciana ciega desplaza la atención de las afirmaciones de poder
al instrumento a través del cual este poder se ejerce.
La
especulación sobre lo que este pájaro-en-mano (aparte de su
cuerpo frágil) puede significar, siempre me ha atraído, pero en
especial, así lo pienso ahora, por la forma en que he sido con
respecto al trabajo que realizo y que me ha traído hoy ante ustedes.
Decido entonces interpretar al pájaro como lenguaje y a la anciana
como un escritor experimentado. La anciana está preocupada por la
forma en que el lenguaje en que ella sueña, que le fue dado al
nacer, se maneja, se pone al servicio, incluso se le enajena para
ciertos nefarios propósitos. Al ser una escritora, ella considera el
lenguaje en parte como un sistema, en parte como algo viviente sobre
lo cual uno tiene control, pero sobre todo como un medio —como un
acto con consecuencias. Entonces, la pregunta que le hacen los
muchachos, ¿Está vivo o muerto?, no es irreal, porque ella
piensa en el lenguaje como en algo susceptible de morir, de ser
borrado; ciertamente puesto en riesgo y redimible únicamente por un
esfuerzo de la voluntad. Ella cree que si el pájaro que está en las
manos de los visitantes está muerto, sus custodios son responsables
por el cadáver. Para ella, un lenguaje muerto no es sólo ese que ya
no se habla o escribe, es ese lenguaje rígido, satisfecho de admirar
su propia parálisis. Como el lenguaje del estadista, censurado y
censurante. Despiadado en sus deberes policiales, no tiene otro deseo
o meta que mantener el libre deambular de su propio narcisismo
narcótico, su propia exclusividad y dominio. Aunque moribundo, no
deja de tener sus efectos para bloquear el intelecto, ahogar la
conciencia, suprimir el potencial humano de manera activa.
Refractario a la interrogación, no produce ni tolera ideas nuevas,
moldea los pensamientos ajenos, cuenta otra historia, llena silencios
confusos. El lenguaje oficial hecho añicos para sancionar la
ignorancia y mantener el privilegio, es una armadura lustrada para
impactar con su relumbre, un cascajo del cual salió el caballero
hace mucho tiempo. Más aún, es tonto, predatorio, sensiblero.
Suscitando reverencia en los escolares, dando refugio a los déspotas,
evocando falsas memorias de estabilidad y armonía entre la opinión
pública.
La
anciana está convencida de que cuando el lenguaje muere, cae en el
descuido o el desuso, en la indiferencia y falta de estima, o es
asesinado por decreto; así no sólo ella sino todos los que lo usan
o producen son responsables por su defunción. En su país los niños
han refrenado su lengua y usan balas en lugar de iterar la voz del
lenguaje mudo, del lenguaje inhabilitado e inhabilitador, del
lenguaje que todos los adultos han abandonado como dispositivo para
resolver un problema usando el sentido, dar orientación o expresar
amor. Pero ella sabe que el suicidio-lingual no es la elección sólo
de los niños. Es común entre los pueriles jefes de estado y
mercachifles del poder, cuyo vaciado lenguaje los deja sin acceso a
aquello que resta de sus instintos humanos para que hablen sólo a
aquellos que obedecen o con el fin de forzar a la obediencia.
Este
saqueo sistemático del lenguaje puede reconocerse en la tendencia de
sus hablantes a renunciar a sus propiedades de matiz, complejidad y
alumbramiento, a cambio de la amenaza y la subyugación. El lenguaje
opresivo hace más que representar la violencia: es violencia; hace
más que describir los límites del conocimiento: limita el
conocimiento. Ya sea el oscuro lenguaje estatal o bien el
pseudolenguaje de los insensatos medios de comunicación; ya sea el
orgulloso pero calcificado lenguaje de la academia o bien el lenguaje
de la ciencia impulsado por los productos; ya sea el pernicioso
lenguaje del derecho-sin-ética o el lenguaje diseñado para el
extrañamiento de minorías —que esconde su expoliación racista en
su tupé literario—, debe ser rechazado, transformado y puesto en
evidencia. Es el lenguaje que chupa sangre, encubre vulnerabilidades,
oculta sus botas fascistas bajo crinolinas de respetabilidad y
patriotismo, mientras se mueve implacablemente para vigilar los
rangos inferiores y la mente de los peores. Lenguaje sexista,
lenguaje racista, lenguaje teísta —todos son típicos de los
policíacos lenguajes del poder, que no pueden permitir el nuevo
conocimiento o animar el mutuo intercambio de ideas.
La
anciana es muy consciente de que a ningún mercenario intelectual, ni
insaciable dictador, ni político o demagogo profesional, ni a ningún
falso periodista, lo convencerían sus ideas. Hay y habrá un
lenguaje conmovedor para mantener a los ciudadanos armados y
dispuestos a hacer que otros se armen; muertos en masa o masacrando
en las galerías, en los tribunales, en las oficinas de correos, en
las canchas deportivas, en los dormitorios y bulevares; promoviendo o
memorizando lenguaje para enmascarar la piedad y el desperdicio de
tanta muerte innecesaria. Habrá más lenguaje diplomático para
aprobar el ultraje, la tortura, el asesinato. Hay y habrá más
lenguaje seductor, mutante, diseñado para estrangular mujeres, para
empacar sus gargantas como paté de ganso con sus propias indecibles
y transgresoras palabras; habrá más lenguaje de vigilancia
disfrazado como investigación, de política e historia calculado
para hacer enmudecer el sufrimiento de millones; lenguaje estilizado
para emocionar a los insatisfechos y afligidos por el asalto de sus
vecindarios; lenguaje arrogante pseudoempírico pensado para encerrar
a la gente creativa en jaulas de inferioridad y desesperanza.
Debajo
de la elocuencia, de la elegancia, de las asociaciones académicas,
por más conmovedor o seductor, el corazón de tal lenguaje es
lánguido, o tal vez sin pulso en absoluto —si el pájaro está ya
muerto.
La
anciana ha pensado cuál habría sido la historia intelectual de
cualquier disciplina si no hubiera existido quién insistiera, o no
se hubiera visto obligado a avanzar. El desperdicio de tiempo y vida
que las racionalizaciones y representaciones de y para el dominio,
exigían —discursos letales de exclusión bloqueando el acceso al
conocimiento tanto para el que excluye como para el excluido.
La
sabiduría convencional de la historia de la Torre de Babel es que el
colapso fue una desgracia. Que fue la distracción o el peso de
muchos lenguajes los que precipitaron la arquitectura fallida de la
torre. Que un lenguaje monolítico hubiera facilitado la construcción
y se habría alcanzado el cielo. ¿El cielo de quién?, se pregunta
la anciana. ¿Y qué clase? Tal vez el logro del Paraíso fue
prematuro, un poco mal intencionado si nadie tuvo tiempo para
entender otros lenguajes, otros puntos de vista, otro período de
narrativas. Pudieran ellos haber encontrado a sus pies el cielo que
imaginaban. Complicada, exigente, sí, pero una visión de cielo como
vida, no un cielo como más allá de la vida.
La
anciana no quería dejar a sus jóvenes visitantes con la impresión
de que el lenguaje debería forzarse a mantenerse vivo de cualquier
manera. La vitalidad del lenguaje radica en su capacidad para
retratar las vidas reales, imaginadas y posibles de sus hablantes,
lectores, escritores. Aunque su equilibrio está a veces en desplazar
la experiencia, esta experiencia no lo sustituye. El lenguaje apunta
al lugar donde puede hallarse el sentido. Cuando un Presidente de los
Estados Unidos reflexionó sobre cómo su país se había convertido
en un cementerio, y dijo: El mundo casi no notará y menos aún
recordará lo que decimos aquí. Pero nunca olvidará lo que hicimos
aquí, sus solas palabras son vigorizantes en sus propiedades de
afirmación vital porque se niegan a encapsular la realidad de 600
000 muertos en una cataclísmica guerra racial. Al negarse a
monumentalizar, al desdeñar la última palabra, la
recapitulación exacta, al reconocer su poco poder para
agregar o quitar, sus palabras indican deferencia hacia la
incapturabilidad de la vida que lamentan. Es esta deferencia lo que
las mueve, este reconocimiento de que el lenguaje nunca puede
mantenerse fiel a la vida de una vez por todas. Ni debería. El
lenguaje nunca puede inmovilizar la esclavitud, el genocidio,
la guerra. Ni debería anhelar la arrogancia de ser capaz de hacerlo.
Su fuerza, su felicidad está en alcanzar lo inefable.
Ya
sea preeminente o precario, oculto, detonante, o se niegue a
santificar; ya se ría a carcajadas o bien sea un aullido sin
alfabeto, la palabra escogida, el silencio escogido, el lenguaje
tranquilo bulle hacia el conocimiento, no hacia su destrucción.
Pero, ¿quién no conoce de literatura proscrita porque es
interrogativa, desacreditada porque es crítica, borrada porque es
alternativa? ¿Y cuántos no se sienten ultrajados por la idea de una
lengua autodestruida?
El
trabajo-de-la-palabra es sublime, piensa la anciana, porque es
generativo, produce el significado, que garantiza nuestra diferencia,
nuestra humana diferencia —la manera en la cual somos como ninguna
otra forma de vida.
Morimos.
Ese debe ser el significado de la vida. Pero construimos lenguaje.
Esa debe ser la medida de nuestras vidas.
Érase
una vez… unos visitantes hicieron a una anciana una pregunta.
¿Quiénes son, estos muchachos? ¿Qué hicieron con este encuentro?
¿Qué oyeron en estas palabras finales: El pájaro está en sus
manos? Una frase que señala hacia una posibilidad o un signo que
capta enseguida la idea. A lo mejor lo que los muchachos oyeron fue:
No es mi problema. Soy mujer, soy vieja, soy negra, soy ciega. La
sabiduría que poseo ahora está en saber que no puedo ayudarlos. El
futuro del lenguaje les pertenece.
Ellos
estaban ahí, de pie. Supongan que no había nada en sus manos.
Supongan que la visita era sólo un ardid, una jugarreta para lograr
que les hablaran, los tomaran en serio como no lo habían sido antes.
Una oportunidad para interrumpir, para violar el mundo adulto, su
miasma de discurso sobre ellos, por ellos, pero nunca para ellos.
Preguntas urgentes están en juego, incluyendo esa que ellos
hicieron: ¿Está el pájaro que sostenemos vivo o muerto? Quizá
la pregunta quería decir: ¿Podría alguien decirnos qué es la
vida? Nada de artilugios; ninguna estupidez. Una pregunta directa
digna de la atención de una sabia. De una anciana. Y si la anciana
visionaria que ha vivido la vida y afrontado la muerte no puede
describir a ninguna de las dos, ¿quién puede?
Pero
no lo hace, guarda su secreto, su buena opinión de sí misma, sus
gnómicos manifiestos, su arte sin compromiso. Mantiene su distancia,
la refuerza y se retrae en la singularidad del aislamiento, en un
espacio sofisticado, privilegiado.
Nada,
ninguna palabra sigue a su declaración de transferencia. Este
silencio es profundo, más profundo que el significado contenido en
las palabras que pronunció. Este silencio se estremece y los
muchachos, fastidiados, lo llenan con lenguaje inventado sobre el
terreno.
¿No
hay discurso, le preguntan, no hay palabras que usted pueda
darnos para ayudarnos a abrirnos paso en su expediente de fallas? ¿A
través de la educación que ustedes nos dieron, que no es en
absoluto educación porque estamos prestando mucha atención a lo que
han hecho, así como a lo que han dicho? ¿Hasta la barrera que
ustedes han erigido entre generosidad y sabiduría?
No
tenemos ningún pájaro en nuestras manos, vivo o muerto. No la
tenemos sino a usted y nuestra importante pregunta. ¿Es la nada que
está en nuestras manos algo que usted podría cargar para
contemplar, para adivinar siquiera? ¿Ya no se acuerda siendo joven
cuando el lenguaje era mágico sin significado? ¿Cuando lo que usted
podía decir, podía no significar? ¿Cuando lo invisible era lo que
la imaginación se esforzaba en ver? ¿Cuando preguntas y peticiones
de respuesta ardían tan brillantemente que usted temblaba de furia
al no saber?
¿Tenemos
acaso que comenzar a ser conscientes con una batalla de heroínas y
héroes, así como usted luchó y perdió dejándonos con nada en las
manos salvo lo que usted imaginó que está en ellas? Su respuesta es
artificiosa, pero su artificiosidad nos avergüenza y debe
avergonzarla a usted. Su respuesta es indecente en su
autocomplacencia. Un guión-para-televisión que no tiene sentido si
no hay nada en nuestras manos.
¿Por
qué no se comunicó, y nos tocó con sus dedos suaves, demorando la
mordedura de sonido, la lección, hasta saber quiénes éramos?
¿Tanto despreció nuestra jugarreta, nuestro modus operandi, que no
pudo ver que estábamos confundidos sobre cómo lograr su atención?
Somos jóvenes. Inmaduros. Hemos oído durante todas nuestras cortas
vidas que tenemos que ser responsables. ¿Qué podría eso significar
en la catástrofe en que este mundo se ha convertido, donde —como
dijo un poeta— nada necesita ser expuesto cuando es ya descarado?
Nuestra herencia es una afrenta. Usted quiere que tengamos sus viejos
y vacíos ojos, y veamos solamente la crueldad y la mediocridad.
¿Piensa que somos lo suficientemente estúpidos para perjurarnos una
y otra vez con la ficción de independencia nacional? ¿Cómo se
atreve a hablarnos de deber cuando estamos hundidos hasta la cintura
en el veneno de su pasado?
Usted
nos banaliza y además trivializa el pájaro que no está en nuestras
manos. ¿No hay contexto para nuestras vidas? Ninguna canción,
ninguna literatura, ningún poema lleno de vitaminas, ninguna
historia unida a la experiencia que pueda pasarnos para que nos
ayude a marchar bien? Usted es un adulto. La anciana, la sabia. Deje
de pensar en salvar su pellejo. Piense en nuestras vidas y cuéntenos
cómo es su mundo individual. Invéntese un cuento. La narrativa es
radical, nos crea en el mismo momento en que está siendo creada. No
la culparemos si su alcance sobrepasa su control, si el amor inflama
tanto sus palabras que estas caen en llamas y nada queda sino su
quemadura. O si, con la reticencia de las manos de un cirujano, sus
palabras suturan sólo los lugares donde puede manar la sangre.
Sabemos que usted nunca podrá hacer esto apropiadamente —de una
vez por todas. La pasión no es nunca suficiente; tampoco la
destreza. Pero inténtelo. Por nuestro bien y el de usted, olvide su
nombre en la calle; díganos lo que el mundo ha sido para usted en
los sitios oscuros y en la luz. No nos diga lo que hay que creer, lo
que hay que temer. Muéstrenos la ancha saya de la creencia y la
puntada que desenmaraña el amnios del temor. Usted, anciana,
bendecida con la ceguera, puede hablar el lenguaje que nos dice lo
que sólo el lenguaje puede decir: cómo mirar sin imágenes.
Solamente el lenguaje nos protege de las cicatrices de las cosas sin
nombre. Solamente el lenguaje es meditación.
Díganos
lo que es ser una mujer de modo que podamos saber lo que es ser un
hombre. ¿Qué se mueve en el margen? ¿Qué es no tener un hogar en
este lugar? Soltarse de aquel que uno conoció. ¿Qué es vivir a las
afueras de ciudades que no pueden soportar la compañía de uno?
Háblenos
sobre barcos que regresaron de los bordes de la playa en la Pascua
Florida, placenta en una campiña. Háblenos de una carretada de
esclavos, ¿cómo cantaban tan suavemente que su respiración no se
distinguía de la caída de la nieve? ¿Cómo por el encorvamiento
del hombro más cercano supieron que la próxima parada podía ser la
última para ellos? ¿Cómo, con las manos puestas en oración sobre
sus sexos, pensaron en el calor, luego en el sol, alzando sus
rostros como si estuviera allí para entrar? Volteándose como para
entrar. Se detuvieron en una hospedería. El conductor y su compañero
entraron con la lámpara, dejándolos zumbando en la oscuridad. El
hueco del caballo humea en la nieve bajo sus cascos, y su siseo y
licuefacción son la envidia de los congelados esclavos.
La
puerta de entrada se abre: una muchacha y un muchacho salen de su
luz. Trepan en la cama del vagón. El muchacho tendrá un revólver
en tres años, pero ahora lleva una lámpara y un cántaro de sidra
tibia. Se lo pasan de boca en boca. La muchacha ofrece pan, pedazos
de carne y algo más: una mirada a los ojos de aquel a quien sirve.
Una ración para cada hombre, dos para cada mujer. Y una mirada.
Ellos se la devuelven. La próxima parada será la última para
ellos. Pero no ésta. Porque ésta ha sido entibiada.
Hay
silencio otra vez cuando los muchachos terminan de hablar, hasta que
la mujer lo rompe.
Finalmente,
dice, les creo ahora. Les creo con el pájaro que no está en sus
manos porque verdaderamente lo capturaron. Miren. Cuán hermoso es
esto que hemos hecho —juntos.
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