Iguazú: Patrimonio de la Humanidad

viernes, 2 de enero de 2026

Tres hombres y un destino

 









Heri. ¿Quieres hacer un cameo, paseando delante del Teatro de L’Entregu?. Con esta sencilla y honesta proposición, hecha por Asur y “Monty”, os quiero introducir en una película -con mayúsculas- titulada “Tres hombres no pueden esconderse bajo la tapa de un puchero” que, dirigida por los antes mencionados, vio la luz en 2024.

Previamente a encarnaros dentro de la trama, a quienes aún no la hayáis disfrutado, deciros que en su corta vida ha cosechado los siguientes galardones; a saber: Premio RTPA al Mejor Largometraje Asturiano, en FICX – 2024; Premio Asturias, en FOCO 2025; Premio del público en Transhumant Festival (España 2025); y finalmente, nominada a los premios Goya de la Academia de Cine Española, anda que “no es ná”. Precisamente “sofitar” la cinta, para que sea laureada, es la razón que motiva esta columna.

Algunos pensarán que el apasionado “cameo” o la amistad que me une a “Monty”, Asur y David Blanka, intérprete de Paulino, son los que me mueven a tirarme a la piscina; qué también. Pero el apego a estos “collacios” o la gloria de aparecer en los títulos de crédito, es solo una pequeña parte de la fuerza que me obliga a teclear en el ordenador estas líneas.

Por encima de todo, esta la admiración al equipo artístico que recreó una joya capaz de desmontar la historia única del franquismo -ya veis por donde van los tiros-, y que glosa una maravillosa pieza documental, teatral y dramática rescatando la figura de las mujeres y sus redes de sororidad y apoyo, frente a la bota de la dictadura, para mantener familias, comunidades locales y, como no, a los “fugaos” que se empeñaron en mantener la tenue luz de Libertad, equidad y derechos sociales, que significó la II República, ante el golpe de estado, ejecutado por el ejército africanista y promovido por las estructuras retrógradas y reaccionarias que en España habían sobrevivido, cual reducto, tras la Revolución Francesa.

Es por ello la epopeya de una mujer, de nombre Honorina -interpretada por María Prendes-, que en un zulo bajo la cocina de su casa, en el pueblo de San Mamés, de San Martín del Rey Aurelio, pudo esconder a Paulino, Herminio y Lino, ante las continuas acometidas que el ejercito o la Guardia Civil, llevaban a cabo para cazarlos; actividad que como canta Nuberu, significaba la “gueta los fugaos”. Una historia de vida que sublima a Honorina como la mujer que hizo posible que la estancia en el zulo de aquellos tres hombres-topo pudiera ser escrita, entre la gélida humedad y absoluta oscuridad de un agujero en el que debían estar sentados pues, por su reducido tamaño, ponerse en pie era imposible. Semanas y meses en aquel “furacu”… Y ahí lo dejo, para que vayáis a ver la “peli”.

Historias de vida de muchas mujeres, como “Maricuela”, Aída, Oliva, Mercedes, Feli y otras tantas que estuvieron poliédricamente invisibilizadas y que gracias a la sabia guía de mi tutora y directora de tesis María García Alonso, yo también pude conocer. Y esta es la última razón que rearma mi afán por postular la obra ante el jurado de la Academia de los Goya. 

Ojalá que me escucharan. Solo decirles que los aplausos y ovaciones, con el público de la sala en pie, tras cada proyección, resignifica algo importante para un pueblo español huérfano de memoria histórica.

 





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