Iguazú: Patrimonio de la Humanidad

sábado, 14 de diciembre de 2013

¡CASI...POR UNA DÉCIMA...!


Por una décima no entré en la final de los cien metros lisos de los últimos Juegos Olímpicos celebrados en Transilvania, por esa misma décima no pude disfrutar la beca de estudios en la Universidad Católica del Kilimanjaro, dos más me faltaban cuando el médico de cabecera no me dio la baja laboral aquel fin de semana que había quedado para comer con Cameron Díaz y cenar con las hermanas Cruz. Creo recordar, de mi etapa de legionario en Roma, que cuando una cohorte del imperio había sido cobarde en la batalla, en el campo del honor, una décima parte de sus efectivos daba un paso al frente y era degollada por sus camaradas, acto que se conocía como diezmar la milicia y símbolo de exculpación de tal pecado. Con el paso del tiempo, luego otros aprendieron y lo harían con la toda población, a su gusto. Otra vez. la décima es la que falta en la “casa blanca” del presidente Florentino Pérez y por ella se vuelven locos sus legiones de seguidores y aficionados una década tras otra. La décima vez que escuchas “no” de labios de cualquier moza, moradora de la noche sabatina, es la que te aconseja plegar velas y tornar al puerto de Isla Tortuga y a poder ser “cuerdo” porque, “¡ay cuitado de ti! si tráfico te mete el “chupu””, te puedes pasar unas cuántas - décimas otra vez - del límite y la multa no se cuantifica precisamente en aquéllas ni el carné se pierde una a una.
Ya metidos en baile de cifras, qué más da. Podemos planchar un “güevu” que freír una corbata, para el caso camisas de once varas. O lo que es lo mismo, al pan, pan y el chocolate espeso, porque Dios ayuda al que duerme caliente, ya que no por mucho madrugar puedes hacer más cosas mañana, o lograr que el querido Sporting suba a primera. Y como en éstas, nos aproximamos frenéticamente al fin de año, vamos sacando la ropa más holgada del armario para hacer sitio a las grasas que acopiaremos en las turronadas de Navidad porque así debe ser, hay que comer y beber como si ésta fuese la última. Y parece que algunos están empeñados en que así sea. Pues eso, al ataque... Que nunca llovió que no lo pidiese un burro, ni lo hace a gusto del buen entendedor, que habelos ha-ylos.
Toda esta sarta de patadas al refranero popular están, a mi orate juicio, en al aura del viento, o tempestad que mece nuestras conciencias en el posmodernismo patrio – federal, Ibérico hispano, bicéfalo reinado de sus majestades Cristiano – Messi, del año de nuestro señor de 2013 “pa catorce”. Y en dicha era, dicharachera, dónde importa más las cuotas de pantalla que la educación cívica, cuando el perro de San Roque se comió al Lazarillo, que había robado las adargas del Cid y la longaniza del padre Prior. En esta encrucijada, digo, cuando todo vale, lo mismo nos da una décima arriba que abajo o eso nos quieren hacer creer los que saben que “pa eso estudiaron”, sentencian ellos, aunque yo diría que no tantos y además si de todos los que dicen haberlo hecho al menos unos pocos lo hubieran aprovechado...¡Pero no, que lástima, recórcholis!.
Una décima, en el país donde más del veintiocho por ciento de su población - casi uno de cada tres - corre el riesgo de caer en la exclusión social, situación mucho peor que el paro y las colas que se forman cuando te toca ir a “fichar”. En esta tierra de gigantes hidalgos, venidos a menos como cabezudos, decir -retomo- que existe una insignificante décima de desajuste entre los datos calculados sobre el déficit público, por nuestro gobierno respecto a los mismos dados por la U.E. y que es algo poco importante, resulta casi un delito, una falta de respeto contra la inteligencia del ciudadano español que se rasca el bolsillo para llegar a fin de mes. Veamos, si ese desfase frente a un euro son diez céntimos como la regla de tres, que nos enseñaron en la EGB, no miente en cien euros ya son diez y, montando tanto como nos suelen cabalgar y para fastidiarlo todo, si yo os susurro al oído, con cariño eso si, que la referencia tomada para medir el déficit público es el PIB (producto interior bruto) de España, es decir el valor corriente – de mercado- de todo lo fabricado en esta piel de toro, durante un año en curso... Vamos la módica cantidad de... ¡Buff! ni quiero pensarlo, vértigo da. Así para calcular el valor real en euros de la desviación, la taimada décima, entre datos patrios y de U.E. solo tenéis que... Hacedlo, eso, atreveos por favor. Si así es, pero no, no es producto de vuestra imaginación. Ni se os ha muerto el duende de la alculadora. Ya podría ser, ya.
Por cierto, tratándose de datos y como pese al esfuerzo, sacrificio continuado, de “Juanín” y “Juanita” Español, el ciclo no mejora deberíamos replantearnos como narices se reparte la tarta, quién y cuándo lo hace parece que con el culo, en vez de con la sesera. Como puede haber casi siete millones de parados y al otro lado de la habitación, compatriotas suyos ganando cientos de miles de euros al año por pasear sus vergüenzas matutinas después del segundo desayuno a las doce del medio día. La Política, las Instituciones y al Administración Pública, como el deporte, son actividades que exigen modelos de responsabilidad para con el que la practica pero tambień, y más importante, con aquellas personas a quienes se representa. Sino serían cubículos vacíos donde aparcar conciencias que no se tienen y medias verdades que ya no llenan a nadie. Buen provecho.

Heri Gutiérrez García.

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